

¿Dice tu Biblia «Dios» o «Él»? Lo que debes saber sobre 1 Timoteo 3:16
¿Qué pensarías si una sola palabra en tu Biblia facilitara negar que Jesús es Dios? Este es el núcleo del conflicto en 1 Timoteo 3:16. Mientras que el texto tradicional (Textus Receptus) afirma con autoridad que «Dios fue manifestado en carne», las versiones modernas basadas en el Texto Crítico han sustituido la palabra «Dios» por un simple «Él» o «Quien».
Este cambio no es un detalle menor. Al usar un pronombre, el pasaje deja de ser una prueba directa de la deidad de Cristo. Grupos como los Testigos de Jehová o los antiguos arrianos aprovechan precisamente esta ambigüedad para argumentar que ese «Él» se refiere a un ser creado, un ángel o un mensajero —al que ellos llaman Jesús—, pero no al Dios eterno. El texto tradicional, en cambio, no deja lugar a dudas: identifica al Salvador con el nombre explícito de Dios, conecta a Dios con carne, y evidencia la doctrina de la encarnación como ningún otro pasaje del Nuevo Testamento.
Y sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto por los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria. (1 Timoteo 3:16 — RV-SBT)
Como muchos señalan, la gramática revela una diferencia fundamental en el Texto Crítico. En el griego de dicho texto, esta lectura crea una construcción inusual: el pronombre relativo ὅς (hos, masculino) sigue al sustantivo μυστήριον (mysterion, neutro). Aunque en el griego del Nuevo Testamento esto puede explicarse como una constructio ad sensum —concordancia según el sentido referido a la persona de Cristo—, esta falta de concordancia estricta altera la claridad natural que esperaríamos en el pasaje. En la lectura tradicional del Texto Recibido, al usar Θεός (Theos, «Dios»), la frase es sintácticamente perfecta, elimina toda ambigüedad y fortalece el testimonio bíblico al identificar directamente al sujeto divino.
¿Pero cómo pudo un error tan pequeño infiltrarse en la historia de los manuscritos hasta alterar las Biblias que leemos hoy?
El testimonio de John Burgon: dos trazos que cambiaron la historia
Para comprender el origen técnico de esta confusión, es necesario analizar cómo se escribían y copiaban los manuscritos en la antigüedad. El deán John William Burgon, quien dedicó décadas al análisis exhaustivo del Nuevo Testamento, ofrece una explicación basada en la caligrafía de la época.
En los manuscritos griegos antiguos escritos en letras mayúsculas (unciales), los escribas utilizaban abreviaturas para los términos sagrados. El nombre de Dios (Theos) no se escribía completo, sino abreviado con la primera y la última letra: Θ y Σ. En aquel estilo de escritura, la letra sigma (Σ) se trazaba como una «C», y se añadía una línea horizontal superior para indicar que era una abreviatura. Así, el nombre de Dios aparecía como Θ̅C̅.
La palabra «quien» (hos), por su parte, se escribía simplemente como OC. La diferencia visual es mínima: solo dos trazos horizontales distinguen al término «Dios» de un pronombre. Burgon señala que esos trazos solían dibujarse con tanta tenuidad que el paso del tiempo, un pergamino desgastado o una copia descuidada bastaban para que el nombre de Dios se desvaneciera, dejando en su lugar un simple pronombre.
Este fenómeno explica lo ocurrido con el Códice Alejandrino, uno de los testigos más importantes en este debate. Burgon, respaldado por expertos que examinaron el manuscrito entre los siglos XVII y XVIII, sostuvo que originalmente decía «Dios» y que sus marcas distintivas desaparecieron por el desgaste. Aunque el consenso académico actual considera que esas marcas fueron añadidas posteriormente y que el manuscrito originalmente leía «quien» (hos), para los defensores del Textus Receptus el testimonio de los eruditos que vieron el códice cuando la tinta era más legible sigue siendo una evidencia de peso que no debe ignorarse.
Al abandonar la lectura tradicional de «Dios» en favor de una interpretación basada en el estado actual del manuscrito, se ha creado un vacío que las traducciones modernas intentan llenar de diversas maneras. Como el pronombre «quien» o «él» resulta ambiguo y debilita la prueba directa de la divinidad de Cristo, los traductores se ven obligados a interpretar el texto o añadir nombres por su cuenta para que la frase tenga sentido. A continuación, puede verse cómo el Texto Crítico ha afectado las versiones contemporáneas:
Versiones que usan el pronombre, dejando el sujeto en duda:
- Reina-Valera Actualizada: «Él fue manifestado en la carne»
- Biblia Textual, Tercera Edición: «Él fue manifestado en carne»
- Biblia de Jerusalén, Tercera Edición: «Él ha sido manifestado en la carne»
- Nueva Versión Internacional: «Él se manifestó como hombre»
- La Biblia de las Américas: «Él fue manifestado en la carne»
- Versión Moderna de Pratt: «Aquel que fue manifestado en la carne»
- Traducción del Nuevo Mundo (Testigos de Jehová): «Él fue puesto de manifiesto en carne»
Versiones que añaden «Cristo», interpretando para evitar la ambigüedad:
- Traducción en Lenguaje Actual: «Cristo vino al mundo como hombre»
- Palabra de Dios para Todos: «Cristo se dio a conocer en cuerpo humano»
Como se observa, al alejarse del Textus Receptus la mayoría de estas versiones favorecen lecturas que grupos como los Testigos de Jehová o los unitarios usan a su favor para presentar a un Jesús creado. Sin embargo, esta sustitución de «Dios» por un pronombre no es un error moderno; es un eco de las antiguas distorsiones que los reformadores ya denunciaron en la Vulgata Latina para proteger la deidad de Cristo.
Teodoro de Beza: un reformador contra la Vulgata
Este conflicto no es algo nuevo. Es una batalla que los reformadores ya libraron hace siglos contra la Vulgata Latina, la Biblia oficial de la Iglesia de Roma en aquel entonces.
El problema comenzó con Jerónimo, el traductor de la Vulgata, quien escribió el pasaje como «lo cual fue manifestado». Aquí puede verse cómo funcionó la cadena del error: primero se borró la palabra Dios y se puso el pronombre «quien»; luego, al advertir que la frase quedaba gramaticalmente mal escrita, lo cambiaron por «lo cual» para intentar arreglarlo. Un error fue alimentando al siguiente.
Pero Teodoro de Beza, el sucesor de Calvino y uno de los mayores expertos en griego de la Reforma, puso orden con autoridad. En su propia edición del Nuevo Testamento, rechazó totalmente la versión de Roma.²
Beza argumentaba que la lectura de la Vulgata (quod), basada en el pronombre relativo neutro griego ho, era una corrupción que oscurecía el sentido del pasaje. Para el reformador ginebrino, el «misterio» no es una cosa, sino una Persona divina. Su influencia fue tal que esta interpretación fue adoptada por las grandes traducciones de la era de la Reforma, incluyendo la Biblia King James y la revisión de Cipriano de Valera en 1602.
Evidencia externa: lo que los manuscritos realmente dicen
El argumento más repetido por los defensores del texto crítico es que los manuscritos más antiguos avalan la lectura «quien». Conviene examinar esto con cuidado.
El único manuscrito griego antiguo de peso que lee ὅς es el Códice Sinaítico (ℵ), del siglo IV. Pero este manuscrito, comparado con el Textus Receptus, acumula 3.455 omisiones de palabras y frases. Su historial de alteraciones lo convierte en un testigo de fiabilidad cuestionable precisamente en los pasajes doctrinalmente sensibles.³ El Códice Vaticano (B), al que los críticos modernos otorgan la mayor autoridad, sencillamente no contiene la Primera Epístola a Timoteo, de modo que no puede citarse ni a favor ni en contra. El Códice Alejandrino (A), como ya se vio, respalda históricamente la lectura «Dios». El Códice C (Ephraemi) fue tan dañado por reactivos químicos que en este pasaje resulta prácticamente ilegible.
Frente a este puñado de testimonios, la lectura «Dios» cuenta con el respaldo de cerca de trescientos manuscritos griegos conocidos al momento de la gran Revisión de 1881 de Westcott y Hort, todos concordando en Θεός. Las versiones antiguas en otros idiomas que leen el pronombre —la Vulgata, la Peshitta siríaca, la gótica, la armenia— no constituyen testimonios independientes: todas pueden rastrearse hasta un único error ancestral en un pequeño grupo de manuscritos griegos que alteró primero las versiones latinas y luego las demás. Por contraste, la versión siríaca filoxeniana, reconocida por su fidelidad literal al griego, incluye el nombre de Dios.
Apoyo histórico: los Padres de la Iglesia
La antigüedad de la lectura «Dios» queda probada por el testimonio de los escritores cristianos más tempranos. Gregorio de Nisa, fallecido en 394 d.C., menciona a «Dios manifestado en carne» en este pasaje no menos de veintidós veces en sus escritos conservados, lo que sitúa la lectura como dominante en el mismo siglo en que fue copiado el Códice Sinaítico. Diodoro de Tarso (370) cita textualmente el versículo con «Dios» y señala expresamente que lo toma de la epístola a Timoteo. Crisóstomo (407) la menciona al menos tres veces. Dionisio de Alejandría, hacia el año 264 d.C., lleva el testimonio hasta el siglo III. Y las alusiones en los escritos de Ignacio de Antioquía, Bernabé e Hipólito indican que los creyentes del siglo II ya leían en sus Escrituras que «Dios se manifestó en la carne».³
No es un dato menor que todos los primeros editores del texto griego impreso — Cisneros, Erasmo, Beza, Stephanus y los hermanos Elzevir— encontraran «Dios» en prácticamente todos los manuscritos a su disposición y no dudaran en esa lectura. La sustitución por «quien» fue una imposición del método crítico del siglo XIX.
Y es significativo que entre los revisores de la Versión Revisada de 1881 estuviera el Dr. G. Vance Smith, pastor de una capilla unitaria que negaba públicamente la divinidad de Cristo. Smith celebró el cambio declarando que la lectura «Dios» solo reflejaba «la creciente tendencia en los primeros tiempos del cristianismo a considerar al humilde Maestro como el Verbo encarnado». Que un negador declarado de la divinidad de Cristo encontrara la nueva lectura completamente satisfactoria es, por sí solo, una advertencia que ningún creyente debería ignorar.³
Conclusión: Dios, nada menos
La lectura auténtica de 1 Timoteo 3:16 es Θεὸς ἐφανερώθη ἐν σαρκί: «Dios fue manifestado en carne». Cuatro razones convergen en esta conclusión.
Primero, la paleografía: la pérdida de dos trazos tenues explica con toda naturalidad cómo ΘC degeneró en OC. El proceso inverso —que un copista inventara a Dios donde no estaba— carece de explicación plausible.
Segundo, los números: cerca de trescientos manuscritos griegos respaldan «Dios» frente a un puñado que apoya el pronombre, todos sospechosos de depender de un error común.
Tercero, los Padres: la lectura «Dios» está documentada desde el siglo II, más de cien años antes de que los manuscritos unciales que hoy poseemos fueran copiados.
Cuarto, la gramática: «el misterio… quien» es agramatical en griego; el error lingüístico delata la corrupción del texto.
Más allá de los argumentos técnicos, está en juego algo de fondo: si el versículo dice «quien fue manifestado», cualquier predicador, cualquier secta, cualquier cristología puede llenarlo con el contenido que prefiera. Si dice «Dios fue manifestado», la encarnación queda declarada sin ambigüedad.
Pablo no escribió un pronombre. Escribió el nombre.
Notas
John William Burgon, The Revision Revised: Three Articles Reprinted from the «Quarterly Review» (Londres: John Murray, 1883), sección «God was manifest in the flesh».
Teodoro de Beza, Jesu Christi Domini Nostri Novum Testamentum: Ex Interpretatione Theodori Bezae Impressa Cantabrigiae A. D. 1642 (Berlín: Sumptibus Societatis Bibliophorum Britannicae et Externae, 1911), 461.
Trinitarian Bible Society, «God was manifest in the flesh: An Examination of a Disputed Passage», consultado el 16 de abril de 2026, https://www.tbsbibles.org/general/custom.asp?page=1timothy3verse16.
